30 de abril de 2015

Rock´n´Roll Maratón Madrid 2015

Y llegó la fecha señalada de la prueba que dirimiría el esfuerzo acumulado durante los cuatro últimos meses, y que culminan al cruzar la meta del RnR Maratón de Madrid en el parque de el Retiro. Trigésimo octava edición de una multitudinaria prueba de fondo que recorre las calles de la capital, inundadas por una oleada de corredores que compartíamos trazado durante los primeros 14ks con los perezosos de la media distancia. Previamente, mi mujer ya me iba avisando a lo largo de la semana. "Va a llover" decía, mientras yo me escondía bajo las inútiles previsiones del accuweather, cuya app anunciaba lluvia entre las 9 y las 11 de la mañana del día 26. En un extraño momento de lucidez, decidí incorporar la gorra al macuto, por si las moscas, además de una bolsa de basura para disminuir los efectos de los fríos mañaneros. 

Para evitar colapsos, con los tantos mil runners que nos habíamos citado para el domingo, dejo el coche al lado del polideportivo que uso para los entrenos semanales y que dista a kilómetro y medio del Retiro. Para la vuelta ya se verá si hago uso del transporte público, o en un alarde de fuerzas, me extiendo más allá de los 42ks previstos. Sin embargo la bolsa de basura me queda bastante estrecha, cosas del reciclaje, por haber cogido el primer rollo de casa sin comprobar si el tamaño estaba destinado al cubo pequeño o al grande. Sin ningún tipo de vergüenza, por mi estupendo y ajustado top negro, transito por O´Donnell buscando la típica bolsa de recogida de excrementos para perros con el fin de salvaguardar el móvil del continuo chirimiri que cae sobre Madrid. Pero lo que encuentro es un rollo de bolsas de basuras con un tamaño más apropiado para cubrir mi hercúleo cuerpo. Pequeña y tonta nota positiva del día.


Me encanta. Mil gracias al fotero de Forofos del running
Plaza de Cibeles. Buscando un cajón.

Gente, gente y gente. La mayoría son corredores, algunos acompañantes y otros pocos medios de comunicación. Con tranquilidad desciendo por el Paseo del Prado buscando mi correspondiente cajón de salida. Tan atrás que tiene pinta de que voy a arrancar más allá de la plaza de Neptuno. Finalmente encuentro un acceso y me planto, en una tranquila espera, a que comencemos a caminar. Pasadas las nueve de la mañana empezamos a avanzar poco a poco, hasta cruzar el doble arco de salida y enfilar la leve subida por Castellana. Estoy rodeado de guiris, móviles, go pros, gente con mochilas, algún que otro disfraz y otros con todo un arsenal de geles en sus cinturones, que más bien parece que lleven un cinturón de bricolaje. El calabobos va y viene mientras la temperatura se mantiene agradable, salvo por algunas corrientes de aire cuando llegamos a Plaza de Castilla. Trotamos tranquilamente por estas anchas vías que suelo recorrer a lo largo de la semana por asuntos laborales. Y en un pis pas se llega al km 14, donde nos separamos de los corredores que van a por la media entre palmas, apoyos y cierta concordia entre los corredores. La maratón por su parte se dirige hacia el centro de Madrid, bajando por San Bernardo y encarar después el ancho asfalto de Gran Vía. En esta zona la carrera ha sorprendido a algunos turistas, que incrédulos, observan la continua marea multicolor junto a sus maletas, mientras que otros más impacientes, atraviesan la masa de corredores en un divertido juego de esquivarnos mutuamente. 
Fotógrafo anónimo

Sinceramente. Mola llegar a Callao, atravesar Preciados y observar como avanzas hacia la fachada de la Casa de Correos rodeados de una mayor concentración de público. Estas son las cosas por las que merece la pena pagar por correr en una gran ciudad. Al ser retirados los coches de las calles y compartir el duro asfalto con un buen número de gente anónima alrededor. Después se baja por la atractiva calle Mayor y continua por Bailen con la Almudena, Palacio Real y Senado como edificios más representativos. La media distancia se encuentra situada en Ferraz, donde paso con un tiempo de 1.59:00. Tiempo similar al de Zaragoza pero con la sensación de estar todavía bastante completo. Hasta ese punto no me había fijado mucho en los tiempos y decido apretar algo para ver como reacciono hasta la Casa de Campo. En el km 24 reconozco a un tipo rubio que lleva una camiseta de La Rioja, corredor con el que coincidí en la maratón de Zaragoza. Llego a su altura y comenzamos a charlar un rato sobre la carrera, el tiempo, Behobia con sus altos precios y que el figura suele cascarse como unos cuatro o cinco maratones anuales, me invita a vernos de nuevo en la capital maña pero otro año será, pues me veo cambiando pañales en septiembre. Me despido hasta otra futura ocasión y arreo hacia Príncipe Pío, donde se agolpa otro buen número de espectadores. Sin embargo la llovizna ha decidido dejarse de tonterías y las nubes parecen haberse atrevido a empezar a regarnos como se merece un día ligado a completar esta mítica distancia. En la Casa de Campo ni miro hacia el lago, bastante agua llevamos encima como para buscar más líquidos con la mirada. Eso sí, este tramo esta espectacular con la llegada de la primavera y el verdor de la arboleda. A la salida nos espera un buen repecho, un muro que me recuerda la cuesta Aisa de la media de La Latina, solo que en este caso se notan los kms acumulados y no se supera con tanta facilidad. 

A pesar de todo continuo trotando bastante confiado mientras marchamos hacia la parte final, la decisiva y que tiende a recuperar los metros perdidos. En torno al 35 observo como una camiseta del club de atletismo de Guadarrama va caminando, cuando llego a su altura reconozco a su portador e intento darle una simple muestra de animo. El cansancio acumulado empieza a hacer mella pero sigo notándome bastante bien, incluso superando a algunos corredores. Sin embargo, pasado el 36 me sobreviene a traición y sin avisar un fuerte tirón en la parte trasera del muslo izquierdo. Me cabreo enérgicamente mientras cojeo primero y continuo andando después. Prefiero caminar antes que estirar, y con suerte noto que la pierna mantiene el calor, lo que me permite nuevamente volver a trotar, aunque sea más despacio. Ahora si que solo queda intentar llegar a la meta tranquilamente, mientras el aguacero vuelve a recrudecerse. La carrera vuelve atravesar Cibeles y posteriormente Colón, buscando la entrada al parque de meta. Pero en el 40 es la pierna derecha quien muestra ahora su rebeldía, con un nuevo tirón que vuelve a sacarme de la carrera. Repito la operación tranquilamente, cojear, caminar y trotar ya por fin en Príncipe de Vergara, pues solo quedan un par de virajes y el Retiro abre de par en par sus puertas para recibirnos. Como las nubes, que han abierto sus esclusas y ya no tienen compasión ni de los espectadores más fieles que se mantienen hieráticos ante la avalancha de la lluvia pero celebrando también, la constante llegada de corredores. La recta final se me hace eterna mientras busco en el cielo alguna surrealista explicación sobre el chaparrón recibido y sobre los tirones sufridos. Por fin cruzo la meta filípica de las narices, ya que la pierna izquierda, al menos en esta ocasión, empezaba a avisar de la llegada de un nuevo calambre. 


Llegando a meta. 19.95 lereles la foto

Objetivo cumplido pese a los tirones finales. Tal vez apreté en demasía pero hice una apuesta personal y había que tirar los dados. Por otra parte Madrid tiene su encanto pese a conocer el trayecto y sus calles, la dureza final aporta un dificultad extra que a mi juicio la hace más atractiva al reto de culminar 42ks. Tanto recorrido plano y tanta marca tendrá también su gracia. Pero verte obligado a apretar los dientes... 

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R´n´R Maratón Madrid







21 de abril de 2015

Objetivo Filípides, breves miramientos and Rock ´n´ Roll

Estoy a las puertas del objetivo maratoniano de este acelerado 2015, puesto que estamos en abril y con la cercana participación en el Rock ´n´Roll Maratón de Madrid, casi va darse por finalizada la actividad deportiva de este año. A estas alturas se nota el cansancio de tener que preparar una carrera de 42Ks, donde la rutina de entrenos termina convirtiéndose en una pesada obligación que espero reconducir con el supuesto subidón posterior a la carrera. Acudo al pueblo grande con el simple objetivo de acabar la carrera en torno a las 4 horas. En principio me gustaría llevar un ritmo de 5:30, pero llegado el día ya se verá si hay fuerzas suficientes para acelerar el paso o simplemente para sobrevivir. 

La elección de Madrid se ha visto condicionada por el feliz estado de buena esperanza de mi
pareja, corroborada a finales de diciembre del 2014. La idea inicial era volver a la distancia del maratón para finales de año, siguiendo un plan similar al año anterior y disfrutar de la elección que permite deshojar las múltiples margaritas que ofrece el calendario. Valencia, Murcia, Oporto, Lisboa, Bilbao.... Pero las circunstancias han provocado este adelantamiento que ha absorbido gran parte de mi tiempo a lo largo de este primer cuatrimestre de 2015. 

Para la cita madrileña llego con más kms acumulados en las piernas, gracias a un mayor número de salidas, aunque con menos fondo en comparación con los entrenamientos dedicados a mi estreno en Zaragoza. De hecho abundan las correrías en torno a los 12 y 16ks frente a la mayor variedad de tiradas que realicé para la capital maña. También he optado por trotar más por asfalto que por espacios naturales o parques, reduciendo mis visitas al parque de el Retiro en favor de correr junto a un muro, el del acogedor cementerio de la Almudena y por un carril bici cercano. También he ido sustituyendo las aburridas series por cambios de ritmos (fartleks, que palabro), sobre todo en un estéril intento de rebajar el
tiempo de 50 minutos en una ida y vuelta junto al susodicho muro a través de un circuito personal con poco más de 10ks. Las trabas venían impuestas por el tráfico y de los repechos de la Avenida Daroca. Numerosas son las pendientes de esta zona de San Blas, Canillejas y derivados que espero sirvan para afrontar los vaivenes del circuito de Madrid.
Por 13 malditos segundos
En principio pensaba complementar la preparación con ejercicios de gimnasio y algo de bicicleta, pero ni el tiempo ni las ganas han dado para más. En el blog ya he ido publicando y ordenando en el listado del calendario, las carreras que han servido de excusa para preparar la maratón. Con algo de suerte y esfuerzo espero sumar la segunda medallita de la distancia. A partir del 27 de abril, todo lo que sea ponerse un dorsal será considerado un regalo, pues llegan tiempos donde el ocio personal se va a ver reducido. 

Pinar de la Elipa


15 de abril de 2015

Gengis-Kan

El escritor ruso, Vasili Yantchevetski, quedó fascinado al contemplar las ruinas de grandes ciudades que fueron arrasadas por las hordas mongolas a lo largo del medievo. La fascinación dio paso a un minucioso trabajo sobre las invasiones de estas tribus nómadas, que dieron pie a una serie de novelas recogidas bajo el explotado termino de la trilogía y que se publicaron en la primera mitad del siglo XX. La primera de estas obras se titula Gengis-Kan, en referencia al legendario jefe militar que ocupa su particular altar en la historia de los grandes conquistadores de la humanidad. Esta primera obra arranca con el avance del imperio mongol, comandado por su ilustre líder, desde el centro de Asia hacia la conquista de Occidente. 

En principio, la novela contiene todos los ingredientes necesarios para triunfar y convertirse en una lectura imprescindible. La historia que narra es entretenida, didáctica y épica; además de aglutinar otros muchos elementos que la transforman en una lectura recomendable. Sin embargo, cada vez que se completa alguno de los numerosos capítulos, surge la necesidad de querer más novela, más ficción  o simplemente un mayor desarrollo para seguir disfrutando de la narrativa de Yan. La escritura del autor no cojea, salvo por la sensación de resumen que comienza a darse en diversos pasajes, e incluso en capítulos completos.

La narración se detiene en varios momentos clave para entender personajes, tramas y demás conflictos, pero, dada la cantidad importante de información que se acumula, se hecha en falta una mayor profundidad y desarrollo de los argumentos que trata. Es una pena, porque este peso se incrementa en algunos tramos donde el autor apenas profundiza en los personajes. El supuesto personaje principal, es un derviche llamado Hadji-Rahim el Bagdadi, que no es otra cosa que un peregrino tunante en continua búsqueda de la sabiduría a lo largo de sus viajes. A partir de este personaje inicial, desfilarán toda una pléyade de nombres que desfilarán a lo largo de la novela e irán interactuando convenientemente entre si. Grandes nombres históricos, legendarios y anónimos que rellenan la obra sin cobrar, prácticamente ninguno, un protagonismo superior que se sitúe por encima del conjunto de la obra.

El escritor, contrariamente a lo que pueda parecer, toma partido por el reino musulmán de Karezm, apostando inteligentemente por situar a los mongoles como una amenaza externa, un rumor de bárbaros que proviene de las lejanas estepas y que apenas pueden inquietar el poder del elevado oligarca de turno. Como el sha Mohammed, quien cegado por quienes le suben a las nubes, es incapaz de vislumbrar la negra nube de polvo que asoma por el horizonte. El peligroso run run que propone Yan, irrumpe con tal fuerza sobre este reino que desencadena rápidamente los efectos de las guerras. Caos, miseria y destrucción. Por fin aparece el gran Kan en un período histórico donde ya ha sido erigido emperador y donde solo la vejez empieza a hacer huella en su figura. A pesar de otorgar con su nombre la cabecera del libro, el protagonismo recae más en el desarrollo de la historia que en describir la persona del todopoderoso Gengis-Kan.


El kurgan del Kan
Así pues, la novela se centra en la continua conquista por parte de los mongoles y las diferentes resistencias que proponen las ciudades asediadas. A lo largo de la invasión nómada me reitero en la multitud de nombres, territorios y batallas que en ocasiones pasan tan fugaces como la necesidad de centrarnos en alguna historia concreta. Yan abre ese espacio con las idas y venidas de algunos de los personajes, pero nuevamente ni la profundidad ni el protagonismo sobresalen por encima de la correcta narrativa lineal. En este punto incluyo un inciso personal, dada la situación geográfica donde se desarrolla la acción, se echa en falta una simple ayuda como un mapa donde poder consultar la ubicación de ciudades y fronteras. Algo muy dado en libros de aventuras pero necesario en esta obra donde se acumula tanta información. A favor, se incluyen numerosas notas de autor que aclaran algunos términos y personajes.

Del amplio reparto coral de protagonismos, Gengis-Kan cobra el suyo propio, pero con la misma mirada superficial de su perfil que el resto de grandes nombres. Obviamente se hace necesario avanzar en lineas argumentales y recortar algunos fragmentos históricos que apenas podrían aportar una simple descripción de batallitas. Pero esto arrastra también a la perdida de elaborar complejas tramas que enreden algo al personal. En otras ocasiones se cierran correctamente historias secundarias, como la del bandolero Kara-Kontchar, mientras que algunas terminan en falso, como la resistencia de Djelal ed-Din, despreciado a una simple nota cuasi final. 

A lo largo de la novela de Vasili Yan noto que siempre prevalece ese punto donde es necesario una mayor extensión, curiosamente hecho en falta que el escritor no sea el típico pesado que describe hasta el último rincón de cualquier habitáculo. Queda claro que las escasas 400 páginas de esta novela se me quedan cortas. Tan a gusto y enganchado se encontraba uno en la épica narrada por Yan, que lamentablemente se eche en falta un mayor grosor en el contenido del libro. 


Mi padre, el único y grande Gengis-Kan, conquistó la mitad del universo e Iskander el Magno, la otra mitad, ¿qué te queda pues a ti para conquistar, Batu-Kan?
El muchachito respondió sin mucho pensar:
- ¡Le cogeré a Iskander todas sus tierras!


Vasili Yan
Ed. Valdemar - 2003
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Gengis Kan
Batú
Hasta el último mar

8 de abril de 2015

Amanece sobre La Peñota

Resoplo. Porque así lo exige el fuerte desnivel para llegar hasta la cima de La Peñota, formada por tres crestas. Resoplo. Porque encima llevo prisa al observar como una franja rojiza crece por el este. Resoplo. Porque Lorenzo va a ganar esta estúpida carrera y va a sobresalir por las cumbres del Guadarrama antes de que alcance el pico de mayor altura de esta montaña. Resoplo. Porque por fin logro alcanzar el tercer pico, para después recorrer cual corzo, el GR10 hacia el vértice más alto y central, llamado Pico Carpentier (1945 mts). Pero mi compañero de ruta se niega a realizar escalada sobre los grandes bloques graníticos que están aglomerados a lo largo de esta cima. De modo que toca regresar derrotado, al tercer pico de los tres que coronan esta hermosa elevación. Pero Lorenzo todavía no ha salido, y contemplo feliz como otra montaña, de sugerente nombre, ha enredado al rey Sol el tiempo suficiente para darnos el gusto de contemplar su salida. Trastos fuera y cambio de ropa incluida, pues voy chorreando por dentro. Finalmente, Lorenzo se asoma tímido tras La Maliciosa, para alumbrar un nuevo día del amplio valle del Guadarrama. Ha habido suerte, pues ya daba por perdida la excusa del madrugón y de todo el pateo anterior. 

Alumbra un poco más Lorenzo
Pateo que empezaba a horas intempestivas, tras calcular a ojo, el tiempo necesario para alcanzar una cumbre bajo la tenue luz de las estrellas. De las múltiples opciones para llegar a un mismo fin, escogí la comodidad de partir desde la pista forestal llamada como La Molinera, (Los Lomitos PR M 30) hasta la linde que separa los municipios de Los Molinos y Cercedilla. Casi horizontal este largo tramo, solo interrumpido por las sorprendidas miradas de las criaturas de la noche. Anónimas bestias que devolvían, en sus iluminadas miradas, la luz de mi ciclópeo frontal. Vete tú a saber que diantres sería uno de ellos, bicho que mantuvo fijo la mirada tanto rato que me hizo mirar mosqueado por el rabillo del ojo en más de una ocasión.

Bajo el suave perfil nocturno de La Peñota surge una fuerte curva que sortea un arroyo que sobrelleva el mismo nombre, y una cuidada fuente nutre a los caminantes con sus aguas. Desde aquí, la pista pierde bastante desnivel hasta un nuevo recodo donde el sendero PR M 30 abandona la pista para adentrarse por las faldas de la montaña. Divertido y sensual, la estrecha vereda nos llevaría hasta Cercedilla. Sin embargo el objetivo no es otro que ollar la cumbre y toca por tanto el divertido tramo de buscarse las habichuelas. En teoría hay diversos hitos que servirían de fieles guías para ascender correctamente. Pero si ya es difícil seguirlos a la luz del día, durante la noche la gracia aumenta de categoría. La valla que separa los términos municipales es un buen referente, mientras que la abultada sombra del pino llamado de San Roque, ejerce de faro orientativo para lograr alcanzar el Collado del Rey. Un verdadero oasis donde retomar el aliento para el segundo y definitivo asalto.


A esas alturas del tiempo y del monte, la llegada del amanecer aclara tanto las vistas que casi no es necesario el uso de la luz artificial para proseguir por el camino correcto. Aunque lo que se avecine sea una trocha de cabras, donde ahora si puede seguirse perfectamente las acumulaciones de piedras a lo largo de un bosquete que precede a la tan ansiada cima. Resoplo. Porque, caray¡¡ Ya llevo rato subiendo, y siento la necesidad de concluir este tonto sufrimiento. Algunos neveros se empeñan en mantenerse adheridos a una cumbre majestuosa, rocosa y fabulosa. Coronada por tres vértices que atestigua su anterior nomenclatura de Tres Picos y su parentesco con la más famosa y cercana montaña de Siete Picos. Bendita silueta la de esta montaña. Las vistas hacia la vertiente madrileña son un bello ejemplo de cadena montañosa. Casi cae a plomo sobre la llanura frente al alargado descenso del norte en el valle contrario y regado por el río Moros. Las dispersas losas que parecen surgir desde las entrañas mismas de la tierra embellecen esta agreste cima, incluso algunos interpretan diferentes parecidos, como la conocida esfinge situada en el descenso del GR10 hacia el collado de Gibraltar.


Después del merecido descanso y tras rellenar el buche, optamos por buscar nuevamente las sombras que ofrece el magnífico pinar de la Garganta de El Espinar. Desde La Peñota hasta el collado de Cerromalejo se baja por el famoso GR10, que nos llevaría hasta la siguiente cumbre, Peña del Águila. Situada ya por encima de los dos mil metros y archivada para otra ocasión. Vuelvo a resoplar, porque ya los múltiples neveros han logrado hacerme caer, recordándome que a veces es más difícil bajar que subir. Y para descender hacia el lado segoviano, hay un amplio sendero que se separa del GR10 para adentrarse en este fabuloso pinar. Mientras se pierde altura, camino en paralelo junto a un arroyo llamado Gargantilla y en donde sorprendemos a un duende del bosque refrescándose el gaznate. Finalmente la senda termina en una amplia pista forestal que rodea este extenso paraje y que parece una amplia autopista que invita a regresar al inicio de la excursión. El sol apenas logra colarse por entre el extenso ramaje cuando hago una breve parada para inspeccionar un refugio junto a esta notable calzada. Al salir, observo perplejo como un cánido grisáceo recorre tranquilamente la ladera. Supuestamente me gano la vida a través de capturar imágenes de actualidad, pero mi habitual torpeza fue incapaz de tomar una simple instantánea de ese animal que empieza a propagarse por la Sierra de Guadarrama. 


Hito atractivo
El camino inicia un leve rodeo antes de llegar a la pista cortafuegos que desciende de la Peña del Cuervo. Sin embargo unas rodadas a izquierdas, sugiere abandonar la segura pista para adentrarse en la aventura del atajo. El cortafuegos atraviesa en perfecta linea recta esta loma mientras un vallado invita a buscar un resquicio o batir algún récord de salto de altura. Finalmente Bosco y un servidor, se arrastran como viles serpientes para hallar, con algo de suerte, el inicio de una famosa senda. Diversos nombres pueden adjudicársela y dependiendo de la historia que se quiera contar. Para empezar por el principio hay que situarla en un espacio determinado, cuando se separa de la pista principal poco a poco para ganar altura. Además está señalizada por un grueso palo coronado por una cinta amarilla que indica una ruta local. Ahora viene la ristra de nombres. 

Cordel de las Campanillas, según el mapa de vías pecuarias y nomenclatura actual. Camino de Balat Humayd según la historia, pues este tramo alcanza el paso que separaba ambas Castillas cuando los musulmanes construyeron este camino para conquistar las tierras del norte. Senda del Arcipreste, pues el camino se disgrega hacia la mitad en dos direcciones. Una hasta el paso a la vertiente madrileña, mientras que la otra vereda nos lleva hasta el famoso monumento de la Peña del ArciprestePuestos a elegir en esta ruta me quedo con la senda del famoso sinvergüenza de Hita. A medio camino algún ilustre anónimo se ha currado una atractiva señalización para indicar el camino que separa el Balat Humayd de la Peña. En este punto se gira a izquierdas para continuar la ascensión hasta el vallado que separa las provincias de Madrid y de Segovia. Franqueada la valla, se llega hasta el citado monumento, visitada e incluida en este blog. La coqueta fuente de la serrana Aldara anda algo más abajo. Suspiro. Porque la ruta del día concluye nuevamente sobre la pista de La Molinera, casi seis horas después, pero con el salvaje contraste de un sol radiante frente al oscuro inicio de la madrugada.



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Albúm de fotos
Pano

Bibliografía
Camino medieval Balat Humayd
http://www.alianzaupacoag.es/2015/03/los-ganaderos-de-el-espinar-acosados-por-los-lobos/
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/20/ocio/1316515393.html

Pino de San Roque
Peña del Arcipreste de Hita

Mapa


1 de abril de 2015

Adiós pequeña, adiós

A Ben Affleck siempre le ha acompañado cierta sombra de sospecha a lo largo de su carrera. Por un lado estaba el fácil cliché popular que le encasillaba en el grupo de los malos actores. Mientras que por otra vertiente sufría cierta tirria social hacia su persona, tal vez acaecidos por esos aires de superioridad que parecía rodearse su figura. Solo hay que ver la que se ha montado cuando fue escogido para interpretar al nuevo Batman. Curiosamente Affleck nunca ha gozado de la simpatía que si disfruta su amigo Matt Damon. Ambos se dieron a conocer, en el séptimo arte, con el guión de El indomable Will Hunting. Posteriormente sus papeles interpretativos tampoco han destacado más allá de cintas comerciales y no se le recuerda ninguna interpretación reseñable. Cuestión aparte puede ser Perdida, película que tengo pendiente, y en donde fuentes fiables comentan una excepción en la carrera del interprete, que todavía está por verse si es un despegue o un canto de sirena. 

Manos a la obra - Buena Vista International
Pero la importancia de esta entrada vira sobre las facultades de Affleck detrás de las cámaras. Porque como director ha logrado el reconocimiento de crítica y público, incluyendo el triunfo de su último filme, Argo, en los Oscar de 2013. Donde hay que destacar el feo que le hizo la academia por ni siquiera nominar al director de la cinta ganadora.

Affleck ya destacó en su estreno, aunque para ello contase con ventaja al adaptar la novela del mismo título del filme, obra de uno de los escritores de moda americanos, Denis Lehane, cuyo trabajo sobrevuela la atención de productores y cineastas como potenciales adaptaciones. Como la triunfal Mystic River por ejemplo.


Adiós pequeña, adiós cuenta la trágica desaparición de una niña en una barriada de Boston, convirtiéndose en una pequeña atracción del morbo informativo. El filme arranca cuando, parte de la familia de la niña, decide contratar los servicios de una pareja de detectives de la zona. Con la idea de que inicien una búsqueda paralela de la pequeña y dé apoyo a la policía. El propio hermano del director, Cassey Affleck encarna al protagonista principal, acompañado por Michelle Monaghan como pareja, en una cinta donde destacan las poses, los chulos y los garitos de mala muerte. Porque para escarbar en la mierda no basta con conocer a las personas adecuadas, es necesario saber manejar ciertas situaciones que requieren mostrarse más gallito de lo que realmente se es. Y en este punto Cassey Affleck se eleva como el típico listillo que llegado el momento sabe como jugarse los cuartos. Muy por encima de su desaprovechada pareja de oficio y sentimental en la película.


Qué tengo yo qué? - Buena Vista International
De interpretaciones van sobrados Ed Harris y Morgan Freeman. Ambos actores subrayan el potente trabajo de las actuaciones individuales que se suman al entramado guión para resaltar como la parte más atractiva de la película. Estos dos segmentos sustentan el entretenido filme de Affleck donde los personajes sobresalen a lo largo de la investigación en los escenarios donde rastrean las diferentes posibilidades del supuesto rapto. Ahí destaca la aportación de un director que con relativa sencillez abusa de las secuencias dialogadas frente a mayores elementos de acción. De este modo obliga a los espectadores a prestar atención de lo que ocurre, pues elementos que parecen sobrar, cobran su importancia en el pequeño rompecabezas que desarrolla la historia. Con cierta energía, la trama desemboca en un impactante falso final, al superar un elaborado proceso de mentiras que siguen una linea bastante lógica dentro del ambiente por donde merodeaba la madre. El filme descansa sobre un estrecho colchón para nuevamente elevarse a través de un nuevo juego de engaños y parecidos que se resuelven de una forma más lánguida, arrastrada seguramente por la redundante moralidad americana. Notable debut de un personaje que parece sumar más virtudes detrás que delante de las cámaras. 


Adiós pequeña, adiós de Ben Affleck 
2007