10 de enero de 2018

Star Wars. Los últimos Jedi

Por fin pasan las Navidades, donde llegó el casi tradicional estreno de una película dedicada al universo de La guerra de las galaxias. El Episodio VIII ni más ni menos. Y curiosamente el filme llegaba aupado con un llamativo despliegue mediático que nada tiene que ver con la sobrada propaganda de cualquier blockbuster. Me refiero al excesivo peloteo del preestreno por parte de supuesta prensa especializada y los típicos soplagaitas con invitación especial. Voces enfermizas que elevaron titulares sobre la cinta de Rian Jhonson al instante y por todos los medios posibles. Tan calculado que algunos ya se atrevían a situar a Los últimos Jedi como la mejor película de la saga. Tal expectación debería siempre poner en guardia a cualquiera que tenga dos dedos de frente. Y también algo de bagaje en propagandas interesadas o remuneradas. En realidad es injusto equiparar trilogías, fundamentalmente porque la referencia original de la primera hornada siempre estará por delante de la memoria colectiva, al sentar las bases del resto de historias posteriores. Los cimientos se hacen para sostener, aunque los adornos lleguen hasta el tejado. 


La imagen viralizada -  Lucasfilm LTD
De inicio, Los últimos Jedi adolece del mismo problema que El despertar de la fuerza de JJ Abrams. La excesiva acumulación de aventuras, conflictos, batallitas y demás parafernalia en una única película. En parte es mejor ir al grano y especificar que esta película termina por abrumar con tanta heroicidad individual y tensiones resueltas en el último suspiro. Todavía está por ver porqué no se deja algún cabo suelto para la siguiente, más si cabe cuando Disney pretende convertir este universo en un serial. Y una de las claves del triunfo de las series televisivas durante la última década, aparte de la madurez de sus temáticas y cuidadas producciones, es la constante capacidad de sorpresa y el enganche que produce algún aspecto concreto que se deja aparcado para el siguiente visionado. 

Como ya sucediese con el episodio VII también hay notas positivas. Y en ese aspecto hay que destacar la valentía de Jhonson de querer cortar los hilos que conectan al espectador con los títulos del pasado. Empezando por el detalle de sustituir el eterno color dorado por el sangrante rojizo de los textos de Star Wars en la cartelería promocional. La declaración más interesante aborda la espiritualidad de la Fuerza y los recovecos que esta supuesta religiosidad plantea en los protagonistas. La frágil linea que separa el bien del mal frente a la presuntuosa superioridad moral de los viejos Jedi. Aquellos que se situaban por encima del poder establecido y que terminaron por ser exterminados. Hay un mantra que el director y guionista se emperra en repetir, y acierta en ese caso. La nostalgia del pasado está bien pero lo nuevo debe sustituir a lo viejo. Un mensaje directo para que dejemos de añorar tiempos pasados y que los espectadores seamos capaces de dejarnos embaucar por las nuevas propuestas. Y en ese aspecto triunfa la dupla protagonista. 

Tras la buena aceptación que supuso el protagonismo de Rey (Daisy Ridley) en la película anterior, ahora le toca destacar a Kylo Ren y a sus exabruptos violentos, ayuda bastante que Adam Driver sea buen actor ante la simple acumulación de toques coléricos y poses para la galería. Pero es que el chico malo conlleva una interesante dualidad que se echaba de menos en los simples lloriqueos de Anakin en la otra trilogía. Y es de agradecer que la sorpresa acompañe los improvistos de un tipo que su genealogía le sitúa como nieto de Vader, sobrino de Luke y descendiente directo de Han Solo y Leia.
Un poco de yesca y un mechero... - Lucasfilm LTD
Otro que gana muchos enteros es el mítico personaje de Luke Skywalker. No hay que ser un iluminado para preveer que si una persona desaparece por propia voluntad, pocas ganas debía albergar para que lo reclamen nuevamente para la causa. La pose y el hartazgo, de un gran Mark Hamill hacia su propia leyenda, humanizan al héroe que derrotó a Vader. La reinterpretación del mito desgastado casa perfectamente con la voluntad de Jhonson por explorar nuevos horizontes dejando atrás la idealizada figura del héroe de antaño. Esta nueva perspectiva es la chispa de la esperanza de que Star Wars remonte el vuelo, y los mandamases parecen haberse percatado del talento del director que ha puesto esta base. 

Sin embargo, Los últimos Jedi no termina de ser redonda, son tantas las ganas por estimular el circo, que Johnson abruma con tanto giro argumental. Es cierto que ayuda y mucho el uso del humor para sobrellevar tal carga, pero la desmesura del conflicto es tan alargada, que Jhonson se pierde al querer acaparar tanta temática, diversión y drama a partes iguales. Nada tiene que ver el excesivo metraje, más bien sobra el acopio de tensión y de estrellarnos constantemente ante el peligro resuelto al vuelo del azar. Ése excesivo equipaje de emociones agota hasta tal punto, que el maravilloso culmen de la batalla final me alcanza agarrotado en la butaca. Es una pena que la resolución llegue lastrada por lo exagerado del viaje propuesto. Queda por ver como prende esa nueva esperanza expuesta por Rian Jhonson. 

Los últimos Jedi
Rian Jhonson 2016

3 de enero de 2018

Vol. 18

Otro año a sumar al blog y otras tantas entradas acumuladas a modo de trastero. Para sumar en total un cuarto de millar, o 252 para ser más concretos. En parte se ha logrado superar el triste bagaje del 16, aunque reconozco que la perrería ha asomado en los dos últimos meses del año. A pesar de los bandazos, se intenta cumplir con esta obligación, meramente personal, de escribir algo. Porque a veces hay que evadirse de las rutinas diarias de la vida, y nada mejor que hacer un leve recuento y apuntar nuevos horizontes por cubrir. Los propósitos y demás tontainas que cada año solemos plantearnos por estas fechas tan celebradas. 

La literatura sigue siendo la niña bonita del blog, a pesar de completar y publicar nueve únicas reseñas. Tal vez sean pocas, o muchas según se mire. El caso es que el tiempo impone su ley sin mayor condescendencia y el egoismo personal queda reducido a las sobras del día. Al menos se ha ampliado el número de obras adheridas a la Colección Reno, gracias a la adquisición de diversos lotes internautas y compras sueltas. Si mis apuntes no me fallan, han sido 36 euros por un lote de 66, 20 por otro de 17 y otros ejemplares sueltos en diversas tandas más reducidas. De esta manera acumulo un total de 88 libros, frente a los más de 600 títulos que aparecen en el listado. De momento no hay problema para almacenarlos. Kaputt y El filo de la navaja han sido las obras reseñadas en el blog. Mientras que la lectura de Hasta el último mar completó la interesante trilogía de Vasili Yan sobre las invasiones de los mongoles y sus incursiones sobre Europa. 
Bosco y su habitual paseo del uno de enero
Algo han sumado las óperas primas y las series, donde por fin pude echar el cierre a Como conocí a vuestra madre. Una divertida sitcom que se me ha resistido durante bastante tiempo por dejadez y por falta de tiempo. De hecho, ya tengo claro que la archiconocida locura de Juego de tronos queda aparcada hasta que termine la temporada que reste o lo que haga falta. A pesar del ruido que rodea a la idolatrada serie, estoy logrando ignorar toda la información que acarrea tal producción, tanto que apenas sé nada de lo que acontece más allá del winter is coming. O lo que sea. Mejor será acercarse a obras ya cerradas para evitar esperas inoportunas. Al tran tran, como la pasada moda del runin, adherida a la sequía imperante de la península ibérica. Veremos si alguna estúpida danza logra que llueva alguna prueba deportiva. Aunque ganas de momento no hay.

Y por último, en el 17 me planteé realizar el camino de San Frutos. Una pequeña excursión de 77 kms por la provincia de Segovia. El trayecto parte desde la misma ciudad hacia la ermita del santo, ubicada en el paraje de las Hoces del río Duratón. Una peregrinación que queda postergada al necesitar varios días para completarla a gusto, también porque seguramente mi facilidad para perderme me llevaría más horas de las previstas, y a ver como se lo explico a la jefa del núcleo familiar. El caso es que el trayecto de la espiritualidad queda relegada al futuro, a la lotería del más adelante. De momento me quedo con el reintegro, expuesto públicamente para recordar esas pequeñas cavilaciones que un buen día, pasaron por mi mente, no sea que luego lo mande todo al diablo. 

Buen 2018. Suma y sigue. 

27 de diciembre de 2017

Como conocí a vuestra madre T9

Por fin concluí el visionado completo de Como conocí a vuestra madre. Una comedia que logró cierta relevancia y que ocupará una pequeña cuota en la historia de la televisión. El desenlace se dio alrededor de 2014, con cierto interés por ver como se resolvía el encuentro de la madre más buscada desde los tiempos de Marco y el mono Amedio. Para entonces sé que hubo cierto revuelo, como suelen darse en estos casos que termina una serie tan longeva. Una parte de la audiencia cuestionaba la conclusión final, gracias a la amplificación que suponen las denominadas redes sociales. El nuevo poder de influencia para medir los diversos gustos del público. Recién visto y con la lejanía de un traidor spoiler en la memoria, creo que los guionistas dieron en el clavo. No hay mejor receta que la provocación para que hablen de uno, y ya que la serie iba a despedirse, pues nada mejor que una vuelta de tuerca para que los espectadores tengan con qué entretenerse unos pocos días más, como un ligero eco que termina por difuminarse. 

Ted encuentra finalmente a la madre de sus hijos - 20th Century Fox Television
En la temporada de despedida,  los creadores han intentado irse con lo mejor del repertorio a través de una pequeña cuenta atrás a lo largo de 22 episodios. Porque los dos últimos son simplemente un epílogo de las legendarias aventuras del quinteto protagonista. Y como sucede con la literatura, esa síntesis final sirve para abreviar el destino de los personajes protagonistas más allá del escenario propuesto en la resolución de la obra.

La novena temporada abandona, casi al completo, la ciudad de Nueva York por el idílico escenario de FarmHampton Inn. Un pequeño rincón donde va a celebrarse el enlace entre Barney y Robin. Es en éste lugar donde se acumulan las aventuras de los sucesivos capítulos, todos ellos agrupados en un único fin de semana bastante bien aprovechado. La llegada en tropel de los diversos invitados, sirve para exponer diferentes tramas a resolver en otros tantos capítulos sueltos. Y además constituyen un sentido homenaje a los secundarios, esas figuras tan necesarias que ayudan enormemente al crecimiento de cualquier producto con sus leves pero importantes apariciones. Capítulo tras capítulo aparecen en escena una buena colecta de todos ellos, familiares, exparejas, amigos,... Un bonito recorrido de reconocimiento hacia quienes han participado en este proyecto con anterioridad. Obviamente a los protagonistas se les reserva partes más interesantes,  gracias sobre todo a un desarrollo más elaborado de tramas que se extienden durante varios episodios, en especial el relacionado con Marshall y Lily. Finiquitados con la habilidad suficiente para sorprender, todavía más, a sus fieles espectadores.


El futuro de Barney - 20th Century Fox Television
Una de las marcas estrellas de la ficción, los saltos en el tiempo, quedan reservadas en su mayoría para la relación de Ted con su futura esposa. En realidad son pequeñas perlas empalagosas, retazos de la vida en común de Ted y Tracy y con cierta relación con los episodios expuestos. En parte sorprende la amplia participación de Tracy en la temporada final, y el empeño de ubicarla como una figura trascendente en la vida del resto del reparto principal. Ese exagerado buen rollito choca con el aire canalla del mujeriego Barney, la supuesta seguridad de Robin y el libertinaje asociado al elevado consumo de alcohol. Seguramente sea el deslenguado Barney quien mejor la defina en su primer encuentro en una farmacia, rarita. Tal vez esa sensación edulcorada haga perder comba a una comedia que adquiere ciertos tonos dramáticos por su cercano punto final. Pero la verdad es que no suma ese aire de pureza, casi virginal frente a los desmadres del resto de la panda. En realidad bastaba con el lógico pasteleo entre ella y Ted, paraguas mediante, para que fuera la chica de sus sueños. 

Ccavm termina con una de sus palabras fetiches,... fue legendario. Personalmente prefiero quedarme con la imagen del paseillo que acompañan esas palabras. Del posterior epílogo los guionistas buscaban acomodar el futuro de sus personajes en un par de capítulos, bastante mal expuestos, donde se intenta explicar como les fue, qué hicieron y sobre todo, como terminó finalmente la persecución de Ted. Ahí si que podrían haberse ahorrado muchas cosas, demasiado serias para una serie que triunfaba sin la responsabilidad de dar el paso al mundo de los adultos. 

Ccavm T9 - 2014 
20th Century Fox Television
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Ccavm T1
Ccavm T2
Ccavm T3
Ccavm T4
Ccavm T5

Ccavm T6

Ccavm T7
Ccavm T8


7 de diciembre de 2017

Funny Girl

Suena a homenaje, casi póstumo al show televisivo. Al modelo de ver televisión fuera de las actuales plataformas digitales. O al simple pirateo del que se ha hecho gala en los últimos tiempos. Ésa temática esta relacionada con la novela, donde su argumento termina siendo un viaje en el tiempo para recordar viejos éxitos del pasado, dentro de la historia de la televisión británica y con la cadena pública BBC como referencia. Por supuesto sale a caballo ganador, porque el juego de la nostalgia siempre contribuye a la retroalimentación. Solo hay que ver la continua salida de programas televisivos hechos con retales del pasado. Seguramente no tenga nada que ver la enorme diferencia que existe, entre la facilona opción digital, respecto a la tensa espera semanal de poder ver un nuevo capitulo de cualquier serie de éxito. 


Un leve anuncio en Youtube de Funny Girl
En parte habría que ensalzar esa tonta espera frente a las prisas del presente y del tenerlo todo hecho. En esa demora crecían las expectativas del próximo visionado. Y algo de eso hay en la novela Funny Girl de Nick Hornby, cuya trama retrocede hasta la década de los 60 del siglo XX. Una entretenida época donde revolotean diversos movimientos sociales en el mundo occidental, mayos del 68, Vietnam y diversos booms económicos. Tiempos hippies y aperturas mentales, donde el autor intenta incidir algo de estos cambios en el libro de manera secundaria. 

El protagonismo recae en una joven llamada Barbara, quien sueña en convertirse en actriz, y curiosamente orientada hacia el ámbito humorístico. Para llevar a cabo sus planes, decide trasladarse a Londres a probar fortuna en el mundo del espectáculo. Tras unos primeros compases de presentación de personajes y ligeros vaivenes, Barbara tiene la suerte de acudir a una audición con sus guionistas favoritos de un programa radiofónico. Y de ese encuentro nace el germen central del libro, donde Barbara compartirá protagonismo con un reducido grupo de personajes ocupados en levantar una serie, desde sus cimientos hasta el triunfo que supone estrenarlo en televisión. Tal entretenimiento ofrece una amplio abanico de posibilidades gracias a los sutiles perfiles del resto de personajes. Un presumido actor que considera que su trabajo merece mayor reconocimiento, un paternal productor que se enamora de la protagonista y una dupla de guionistas tan maniáticos como interesantes.

Aparte del entretenimiento que ofrece Hornby con sus personajes, el lector acude gustoso a las diferentes tareas de levantar un proyecto audiovisual, además del atractivo gancho de participar en los puntos de inicio, las obligadas mejoras y la incidencia de terceras personas para poder llevar a cabo un simple comedia. Y el mismo lector puede fantasear que la misma novela parece un boceto de serie de ficción. Con sus respectivos episodios.

La posterior lucha por mantener la creación de una serie televisiva, expone unas características reales sobre el trabajo diario, los cambios que deben afrontarse y las lógicas negociaciones entre creadores, productores y otras cabezas pensantes. Es en esa parte donde la novela desarrolla una enorme atracción sobre todos los avatares que supone participar en un proyecto visto casi con perspectiva de making off, y como éste trabajo afecta a las vidas de sus protagonistas. Obviamente se hace hincapié en las relaciones que comparten los protagonistas, al mostrar el necesario reflejo de como el trabajo afecta a la vida diaria y como la simple ficción llega a chocar con la realidad de sus vidas. Encima sobresale un notable humor que acompaña a la historia. Como si no bastara con crear una comedia de media hora de duración, el hábil Hornby nos regala diversos pasajes entrañables donde destaca cierta mala leche e ingenio que sonsacan más de una sonrisa. Memorable la parte donde el actor principal acepta el título de la citada serie. 

Otra parte a destacar son los ingeniosos diálogos de sus protagonistas. De hecho, hay tanta verborrea a lo largo del libro, que logra dotar una alegre agilidad a su lectura. Tan alegre, que puede decirse que gracias a este empuje, la novela disimula cierta caída pasado el núcleo del libro. El protagonismo de Barbara decae cuando el autor se ve obligado a desarrollar a sus secundarios, pero con tanta fuerza que éstos terminan por devorar la presencia de la protagonista. Situación que recupera en un excelente final, donde vuelve a tomar fuerza la nostalgia de los viejos éxitos del pasado. 



-Mi padre me mataría si fuera laborista -dijo Sophie-. 
Dice que ha trabajado demasiado duro para dárselo todo a los vagos y a los sindicatos.

Funny Girl
Nick Hornby
Ed Anagrama 2016

29 de noviembre de 2017

El castillo de Cagliostro

El maestro Hayao Miyazaki debutó en el formato cinematográfico gracias a un encargo. No venía de nuevas, pues se trataba de hacer una película sobre un peculiar ladronzuelo de guante blanco llamado Lupin. Personaje que ya triunfaba en su propia serie animada y de la que el propio Miyazaki ya había trabajado en algunos de sus capítulos. Lupin había sido creado por Kazuhiko Kato, bajo el seudónimo de Monkey Punch, quien se basaba a su vez de un novelesco ladrón francés creado por el escritor Maurice Leblanc. Tras el encadenado de nombres llega el rebote comercial, con la publicación de los mangas en primer lugar, posteriormente se dio paso al formato televisivo con varias temporadas para después continuar la cadena de explotación con una ristra de películas. El castillo de Cagliostro fue la segunda realizada por orden cronológico. 

Al tratarse de material ajeno, suele situarse a la película en un aparte dentro de la filmografía de su director, pese a notables evidencias de su modo de trabajo y puntos de vista. De hecho, la película no obtuvo la repercusión estimada en taquilla y muchos seguidores de la saga criticaron al director, que Lupin mostrará una cara bastante bondadosa frente al supuesto aire canalla que debiera mostrar todo buen ladrón.


  • Vestida de novia, un clásico - Tōhō
Pero lo cierto es que El castillo de Cagliostro es una entretenida cinta de aventuras que contiene un elevado ritmo, cuenta con diversas piruetas argumentales y mucho humor a lo largo del metraje. La trama gira sobre un tesoro ligado a la familia Cagliostro, cuyo poderoso apellido ostenta la soberanía de un pequeño país de mismo nombre. Lupin y su fiel compinche, Jigen, se internan en esta pequeña región, arrastrados por el codicioso tesoro donde surge un pequeño matiz, al cruzarse en su camino la joven princesa del lugar. Metidos en harina, se incorporan al reparto los personajes habituales de las correrías de Lupin. La sensual Fujiko, el experto samurai Goemon y el incansable Zenigata. Un honesto policía cuya principal misión es capturar a Lupin allá por donde vaya. 

En la película se acumula una buena dosis de bloques de acción, con ligeros paréntesis para desarrollar tramas y personajes en una cinta donde prima el entretenimiento por encima de todo. En parte recuerda a las aventuras del estirado James Bond, en cuanto al sentido del circense espectáculo del más difícil todavía y la cantidad de giros que acontecen en la trama. Lupin cuenta además con diversos gadgets tecnológicos, así como de un buen arsenal de armas y demás parafernalia para llevar a cabo sus planes. La fantasiosa misión y el lógico deseo del malo de turno por hacerse con el control de la economía mundial, apuntan más similitudes entre ambos ilustres personajes.  Pero sin martinis y chicas fáciles por el camino. 

Quien haya crecido en los 80 del siglo anterior reconocerá el estilo japones en el dibujo de personajes, la facilidad de movimientos de las figuras y las habituales exageraciones faciales. Una característica habitual que la separa de filmografías de otras nacionalidades. Y también podemos contemplar la mano de Miyazaki, en su gusto por el cuidado de los grandes espacios abiertos, donde la película parece querer situar a la cordillera de los Alpes en el horizonte. Y como siempre la inclusión de la naturaleza sobre la arquitectura del hombre, expuesta con detalle en el antiguo palacio de la princesa con claras reminiscencias románticas, o la generosa exageración del propio castillo de Cagliostro. Tan majestuoso como el impronunciable castillo alemán de Neuschwanstein.


Mamotretos. Cagliostro vs Neuschwanstein.
Las aventuras de la película decaen algo por la candidez con la que trata la mayoría de los problemas. Una suerte de peripecias que encuentran mayor acomodo en un publico juvenil e infantil. No obstante llega a entretener gracias al endiablado ritmo de las secuencias de acción, con múltiples variantes sorteadas normalmente por la fiable apuesta de diversos ganchos cómicos. Puntos fuertes que incluyen al citado malvado de la función. La antítesis perfecta del héroe con su absolutista tiranía. Un sujeto que siempre aporta en positivo al resultado del filme cuanto mejor sea su personaje, y el curioso conde de Cagliostro es digno de tal catalogación así como los esbirros que le acompañan en sus propósitos.  En estos tiempos que se lleva tanto retomar viejos éxitos del pasado, sería posible que Lupin y sus correrías tuvieran la oportunidad de reinventarse. 


El castillo de Cagliostro
Hayao Miyazaki, 1979